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Las palabras de Fernando Ónega a Sara Baras, Embajadora de Cádiz

             Soy tan esclavo de mis horas, que sólo puedo viajar a Cádiz a lomo de la palabra. Pero en esa palabra se contienen dos orgullos: el orgullo de sentirme algo querido en esa bendita ciudad y el orgullo de lucir en mi currículum el título de Embajador de Cádiz, al lado de un grupo de personas que dan brillo y esplendor, como la Real Academia, a esta cofradía que puso en marcha el ardor femenino y jerezano –aunque no sé por qué orden—de una inquieta, infatigable, luchadora, dinámica, una gran emprendedora llamada Lola Rueda.

            Querida Lola: no conozco a nadie que se desviva tanto como tú por sus ideales, y esos ideales se llaman promoción; promoción de la Mujer; promoción de Jerez de la Frontera; promoción de la Provincia de Cádiz. Y sacas voluntad y tiempo para todo. Yo creo que te has criado en el Museo de los Relojes y aceleras y detienes el tiempo, las horas y los días para estar en todo, para llegar a todo, para poner tu impronta en todo.

            Y yo, un gallego de acento tan distinto, tuve la fortuna de escuchar un día tu llamada y fue como si Jerez se hubiera poblado de sirenas que desde una bodega, desde una zambomba, desde un palacio o de una casa señorial decían mi nombre. La gente me pregunta qué hice yo por Jerez y por Cádiz para tanto honor, y yo respondo: pregúntenselo a Lola.

            Y hoy te utilizo, Lola, para que seas mi paloma mensajera y lleves mi palabra a ese Gran Teatro Falla, que le quiero dar a Sara Baras mi bienvenida al Club de Embajadores de Cádiz y me deslumbra tanto, que no me atrevo a decírselo en persona.

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Sara Baras, Álvaro Domecq, Miriam Reyes y Jan de Clerck, Embajadores de la provincia de Cádiz, y Lola Rueda del Club de Embajadores.

Dile que hay tanta belleza en su arte, que hasta un gallego se rinde ante ella, como hace una semana se rindió Oviedo, que a punto estuvo de hacerla Princesa de Asturias. Dile que hay tanto arte en su belleza, que conmueve solo con escuchar su nombre.  Dile, aunque ya lo sabe, que ella es el Flamenco del siglo XXI y cada fibra de su cuerpo ha nacido para el baile. Dile que desde hoy no hay nada más grande para este escribidor que compartir Embajada de Cádiz con quien es Hija Predilecta de Cádiz. Y Gaditana de Oro de mi emisora Onda Cero. Y Gaditana del Año. Y Medalla de la Provincia. Y Medalla de Oro de Andalucía.

            Y esto déjame decírselo a mí, aunque sea desde la distancia: tú, Sara Baras, no necesitas ser nombrada Embajadora de Cádiz, porque ya lo eres. Ya has llevado el nombre y la gracia de Cádiz por todos los rincones de España, por muchos lugares de Europa, por Asia, por Estados Unidos, por toda Iberoamérica. Tú eres la Embajadora. Y yo me conformo con ser un ujier de tu embajada. Me conformo con llevar tu valija diplomática como el paje de una reina. De la reina Sara. De Sara I de San Fernando. De Sara I de Cádiz. De Sara I de España. De la gran reina del flamenco. Majestad.

 

 

 

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